LAS PAREDES DE LA ALHAMBRA. LEYENDA

Los escritos de las paredes en la Alhambra son tan ricos en arte y poesía que fácilmente podemos perdernos entre ellos, y si bien no entendemos su significado nos ayudan e invitan a un ambiente de reflexión.

Entre las muchas curiosidades que esconde la Alhambra está la puerta a la sala del Mexuar, en la entrada a los palacios nazaríes. El Mexuar es sencillo, parece casi oscuro y sobrio respecto al resto de los palacios de la Alhambra.

A este lugar se refiere una de las leyendas de la Alhambra.  A los que allí entraban se les recordaba y anunciaba a lo que se exponían: “Entra y pide. No temas pedir justicia, que hallarla has”. En realidad, no se trata de una leyenda, si no de un hecho históricamente demostrado.

El palacio del Mexuar es el más primitivo del conjunto, mandado construir por Ismail I (1315-1325). El palacio está formado por dos amplios patios, el de la mezquita y el de Machuca (ambos en ruinas), la Sala del Mexuar adaptada por el nieto de Ismail I, Muhammad V e integrada en su proyecto palatino ha llegado a nuestros días muy modificada tras su conversión en capilla cristiana en el siglo XVI. También forman parte del Mexuar una sala de oración y el patio y pórtico del Cuarto Dorado.

Y como en cada uno de los palacios nazaríes y repitiendo el modelo de la casa típicamente hispanomusulmana el patio es el corazón del recinto.

Al fondo de la sala encontramos una habitación que era utilizada por el monarca para reunir al consejo y dar audiencia.

En esta sala se conserva un precioso oratorio, con ventanas abiertas hacia al Albaicín, donde cabe destacar el mihrab con una delicadísima decoración con yeserías.

Esta sala debía ser utilizada por los administradores y secretarios de la corte musulmana para anotar y ejecutar las sentencias del Sultán.

La frase de este azulejo animaba al que iba en busca de justicia “entra y pide. No temas pedir justicia, que hallarla has”.  Al parecer, esto se debía a que los sultanes poseían una doble condición de juez y de señor. Pero escondía algo, y es que había una cámara elevada cerrada por celosías donde se sentaba el sultán a escuchar sin ser visto y desde allí observaba y escuchaba a los que acudían. Posiblemente, sin ser vistos se mostrarían más cómodos y quizás más parlanchines…

El símbolo de la Andalucía nazarí pervive majestuoso y os animo sin duda, a visitar la Alhambra. Si decidís hacer la visitar por vuestra cuenta, no os sobrará un mapa. Os resultará muy útil para moveros por su interior.

 

 

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